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ENTREVISTA. Emma
Quispe
Emma está nerviosa, le cuesta sonreír. Preferiría
que las miradas de los transeúntes
estuvieran sobre su obra y no sobre ella
misma. "¿Ya está?". O tal vez es
la prisa con la que siempre anda, pues Emma
es una mujer de objetivos claros y va hacia
ellos sin detenerse. "No me gusta posar
para fotos". Se hizo artesana contra la
voluntad de su padre y hoy ha comenzado a
demostrarle que hizo lo correcto.
¿Por qué su padre se oponía a que fuera artesana?
Porque él también fue tallador, pero terminó
dejando el oficio para dedicarse a otras
cosas. Mi padre siempre renegaba, me decía
"esto no te va a conducir a nada bueno,
no te pagan lo que vale".
¿Tiene hermanos dedicados a la artesanía?
Cuatro hermanos mayores, pero ellos son
profesionales. En cambio yo seguí con mi
capricho y entré a fondo en el tallado y el
dorado.
¿Dónde aprendió?
A los 18 años me di cuenta de que mi vocación era
muy grande y empecé a meterme en talleres
de talla, de cerámica, etcétera. No me
pagaban nada, pero yo quería aprender.
¿Cuándo comenzó a trabajar para usted misma?
Mi primer trabajo grande lo agarré hace diez años,
cuando tenía 22. Fueron marcos y
candelabros para la congregación de los
Siervos del Tercer Mundo de los Pobres. Me
dieron el trabajo con recelo, no creían que
a esa edad pudiera hacerlo bien.
¿Ese trabajo fue importante para su carrera?
Sí, porque con lo que me pagaron empecé a
implementar mi taller en el barrio de
Lucrepata. Luego entré a la asociación de
los artesanos de San Blas y empecé a vender
en la plazoleta. Hacía tres, cuatro marcos
y los vendía el fin de semana. A veces me
pedían un calado especial y tenía que
pedirle a mi papá que me enseñara.
¿Y él quería enseñarle?
Honestamente, él renegaba, me decía
"seguramente que no te pagan lo que tú
pides". Y efectivamente, eso me pasaba
cuando vendía a las tiendas. Me pagaban
poco y en partes. Pero con mi propia tienda
comencé a volar .
¿Cuántos marcos vende ahora?
Cuando no tenía una tienda vendía cinco o seis
marcos al mes y me pagaban ---por los de 20
por 30 centímetros- unos S/.5. Ahora vendo
50 marcos de todos los tamaños cada mes y
los de 20 por 30 los puedo vender a S/.40.
Sin embargo eso lo ha conseguido en diez años de
trabajo. ¿Qué determinó que usted no
abandonara al oficio, pese a que era tan
sacrificado?
Hace dos años me contrataron para dorar todo el
altar del Señor de Huancas de San Salvador
(a una hora de Cusco). Era un altar inmenso
y las hermanas, que son mercedarias,
hicieron una convocatoria por la radio.
Conmigo se presentaron otros tres doradores
muy experimentados, señores mayores que habían
hecho cantidad de trabajos en Cusco. Pero yo
dije "a la de Dios, confío en mi
trabajo". Y me presenté.
No debe haber sido fácil.
Las hermanas me decían que yo no iba a poder,
entonces les pedí que me dejaran hacer una
demostración. Yo me había metido antes a más
talleres y había logrado sacar un brillo
bonito. Vieron que tenía ganas de trabajar
y me dieron el encargo. Fue algo
maravilloso.
Pero antes habían pasado ocho años desde que tomó
el oficio
Y no siempre me fue bien. Hace unos cinco o seis años,
vendiendo mis marcos, había logrado reunir
unos US$500. Con ese dinero y 30 marcos me
fui a Sao Paulo por tierra. Cuando llegué a
la frontera entre Bolivia y Brasil los
federales pasaban alambres y de mis cajas
salió un polvo blanco. ¡De quién son
estas cajas! Preguntaban.
Pensaron que era cocaína.
Sí y yo lo único que tenía para probar que era
artesana eran las fotos que me había tomado
trabajando, las tenía en mi catálogo. Dios
me acompañó y me dejaron pasar.
¿Había una feria en Sao Paulo?
No había nada, yo me mandé a tocar puertas, pero
las cosas a veces no salen como uno espera.
Sin embargo me di cuenta de cómo otros
apreciaban mi trabajo. Al regresar empecé a
planificar con más orden, me metí a la Cámara
de Comercio, me presenté al Gobierno
Regional, etcétera. Mi meta es llegar a
todos los mercados que pueda, sin
intermediarios.
¿Por qué?
Porque muchas veces ellos no dicen quién hace el
trabajo y el artesano queda en el anonimato.
Además no pagan lo que vale el trabajo. Por
eso, tener una tienda ha sido muy
importante. Me da más seriedad ante los
clientes, ya saben dónde trabajo, quién
soy.
San Blas es la mejor zona de venta de artesanía en
el Cusco. ¿Cómo consiguió la tienda?
Antes yo compartía esta tienda con una señora, pero
un día vino el especialista de Mibanco y me
preguntó qué necesitaba para crecer. Yo le
dije que lo que a mí me hacía falta era
tener toda la tienda y así me prestaron
US$8.000. Fue muy bueno que confiaran en mí.
Su logro más reciente es haber conseguido el encargo
para hacer un altar en la Iglesia de la
Merced, una de las más importantes de
Cusco.
Sí, me han encargado el altar para el Niño
Doctorcito, que hasta ahora no ha tenido
altar. Yo lo voy a tallar y dorar. Lo obtuve
gracias a una recomendación entre
hermandades. Por eso para mí lo más
importante es el prestigio, el trabajo de
uno queda para toda la vida. Ahora estoy
sembrando para luego cosechar. Es importante
ser puntual, ganarse la confianza de los
clientes.
Veo que su vida personal no ha sido lo más
importante.
En este momento no, ahora lo que quiero es correr. Me
he propuesto comprar toda la propiedad en la
que está mi tienda, para dedicarme a mi
arte y tener aquí mis talleres de tallado,
de dorado, de cerámica. Quiero que mi padre
me vea crecer en este negocio del que
siempre él renegó.
¿Y para lograrlo, basta con lo que sabe o tiene que
seguir aprendiendo?
Hay que innovar constantemente. En este momento yo
estoy haciendo nuevos diseños, pero no para
comercializarlos en Cusco, pues te copian fácilmente
y encima lo hacen mal. Me estoy preparando
para ir a una feria en Colombia, en
diciembre, y para hacer una exposición en
algún momento. Tal vez en el Palacio de
Gobierno.
LA
FICHA
Nombre:
Emma Quispe Zúñiga
Edad:
32 años
Oficio:
artesana
Empresa:
La Casa del Altar, nombre de la empresa y
tienda ubicada en la cuesta de San Blas, el
corazón de la artesanía cusqueña. Su
espacialidad son los tallados y dorados en
madera.
Fuente:
El Comercio – Suplemento “Mi Negocio”
Fecha:
01 de julio 2007
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