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MIS INICIOS. Empresario y músico,
este limeño pone el swing en fiestas
exclusivas y lleva su ritmo al extranjero
Fecha clave: 31 de diciembre de 1986. El Yatch Club
Ancón estaba lleno de gente, con el calor
de un verano que comenzaba. Su primera
orquesta la integraban cinco músicos
--pianista, bajista, guitarrista,
baterista-- y dos voces, y esta era su
fiesta inaugural para recibir el Año Nuevo
87, con su sombrerito que sería leyenda. En
los años 80, cuando muchos querían huir
del país, Joselito ensayó una razón y se
quedó. Quiso ser músico, ofrecer un buen
servicio y destacar. "Venía de
trabajar 12 años en las orquestas de Andrés
Silva y Black Sugar; pero la parte comercial
no era bien cuidada".
El primer canto de Joselito se oyó en el coro de la
iglesia de Barranco y, desde entonces, las
notas de su voz se fueron transformando según
la necesidad. En los años 70, alzó la voz
en la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y
Meza. "Trabajé en policiales, locales
y sector agrario, pero al final terminé
trabajando en entidades públicas como
Pesca- Perú", dice. A los 21 años se
casó y trabajó como profesor de música de
los colegios Santísimo Salvador y Alpamayo.
¿Y la música? Solo tocaba los fines de
semana.
Sí, Joselito usaba los sábados y domingos para
grabar jingles de comerciales y cantar en la
Orquesta de Andrés Silva, donde asegura que
aprendió muchísimo del negocio. "Él
fue el primero en este rubro, pero fue un músico
que no estudió y que, lamentablemente, se
quedó en el tiempo", agrega. En la
parte comercial, Joselito veía que no había
un real interés por agradar al cliente, no
había renovación de instrumentos musicales
ni inversión en luces y sonido. Solo de música
y diversión no se podía vivir. Así es
como decidió armar su propia orquesta y
volverse empresario y estudió en la
Universidad de Piura. Muchas canciones, géneros
y bailes se han puesto de moda en 20 años
de trayectoria y Joselito estuvo ahí para
registrarlos.
"El único quiebre en mi carrera fue perder mi
dinero en el Banco Nuevo Mundo, en 1998. Me
desilusioné del Estado, porque yo cumplía
con mis impuestos y decidió cerrarlo",
explica. Lo único que lo salvó de la
depresión fueron las presentaciones de su
orquesta en Miami, Nueva York y San
Francisco, cada vez más frecuentes.
Actualmente, Joselito ha creado la empresa Joselito
Entretenimiento Total, la cual reúne no
solo los servicios de las tres orquestas de
20 músicos y coristas, cada una de las
cuales está dirigida por él, sino además
otras cuatro de 14 personas a las que
asesora en vestuario, tecnología y
coreografía. También ofrece magos, meseros
que cantan y maestros de ceremonias.
"La libertad de la música es
permanente", responde cuando le
preguntamos por su selección musical, que
puede durar hasta cinco horas continuas.
Pasa del jazz al huayno con la misma soltura
que del rock al merengue.
Con los años, el público que ganó fue de los
sectores A-B que puede pagarle entre 2.500 y
25.000 dólares por noche. Ahora, una de sus
metas es buscar más negocios fuera que
dentro del país. Pero sabe que las malas
noches no son para siempre. Cada año
realiza 150 shows y no recuerda a qué
fiesta ha ido que no sea la suya. "Solo
sé que mi retiro será en el 2012",
dice. Será sin pena y con gloria.
LAS CLAVES
Orden. Tener papeles ordenados, cuentas y horarios al
detalle. En el caso de las fiestas, mantener
un orden con las partituras asegura una
tocada inolvidable.
Identificación y energía. "Todos
en la orquesta, antes de salir al escenario,
nos decimos que será la mejor fiesta de
nuestra vida", dice Joselito.
Exigencia y calidad. Los
peruanos, según Joselito, padecen de cierta
flojera, así es que siempre hay que exigir
el nivel máximo de entrega.
Pensar en grande. Joselito busca unirse a
cadenas de hoteles y cruceros para
ofrecerles servicios completos a bordo.
Por Mayra Castillo
Fuente:
El Comercio – Suplemento “Mi Negocio”
Fecha:
01 de julio 2007
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