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ELLA SÍ QUE PISA FUERTE

A fines de los ochenta tomó el timón que dejó su esposo y ahora su calzado para damas llega al exterior.

Por Mayra Castillo

Mariella Suárez de Carozzi recoge sus pasos para recordar cómo nació Foresta. Dice que no sabe por qué entró al negocio si ya tenía su propia imprenta a fines de los ochenta. Quizá la vanidad de tener zapatos de estreno la hizo caer. En 1984, su esposo Renzo Carozzi había iniciado un taller de zapatería en la avenida Colonial, en la fábrica que ha pertenecido a su familia desde que tiene memoria. "Le dieron el hangar más pequeño y empezó haciendo zapatos para varones. Pero al año, yo metí mi cucharita para que hiciera lotes de mujer", dice Mariella. Su esposo compró su primera máquina en Brasil y viajó a Italia para observar tendencias aunque a su marca Wild Cat no le fue bien en Lima. Pese a ello, vendía en Arequipa, Tacna y hasta en Bolivia. "Lo único terrible era que todo el día subía el dólar, subía el cuero, no se podía calcular nada en la época de la hiperinflación". Y aun así, destacaba Foresta, la línea de calzado para mujer. Un buen día, el señor Carozzi consiguió otro empleo y le cedió a su esposa el negocio. "Si me preguntas ahora cómo lo hice, pues no tengo idea. Con tres hijos, la imprenta que ya dirigía y encima la casa... ¡Era una locura!", sonríe Mariella, quien decidió vender la imprenta para dedicarse totalmente a Foresta.

Su primera tienda la abrió en Camino Real a fines de los años ochenta, cuando el centro comercial todavía conservaba un antiguo esplendor. Aunque sus estudios de Administración de Empresas en la Universidad de Lima y su posgrado en ESÁN la prepararon para gerenciar cualquier negocio, los zapatos de mujer la estresaban demasiado . "Tiene todos los síntomas de una adicción: lo odias pero no puedes dejarlo", dice Mariella. Y cuando el crecimiento logró que vendiese a Estados Unidos y abriera otra tienda en Caminos del Inca, llegó 1992 y con él vino el zapato sintético chino de bajo costo que hizo que muchas zapaterías de Lima cerraran. Foresta persistió, pese a que perdió 20% de su facturación habitual. "Lo más difícil es que ese zapato chino traía moda, algo de lo que carecíamos por la dificultad de tener proveedores de tacos, hebillas y otros detalles que no se fabrican en masa aquí".

Tomó decisiones rápidas, pero dolorosas. Disminuyó la producción y despidió gente, aunque mantuvo el diseño clásico de sus zapatos le sumó un toque de modernidad. Salir de esa crisis tardó cuatro años y sus exportaciones a EE.UU. se contrajeron como nunca imaginó.

Con el tiempo, el público ha vuelto a darle su lugar al calzado de cuero genuino (para olvidarse de callos y torceduras de tobillo), y con ese valor de producto su empresa ha ganado un público. Con una producción de cinco mil pares mensuales, el 70% de Foresta se queda en el Perú. "Ahora estamos mejor posicionados en el mercado local con las tiendas Ripley y, también exportamos a Ecuador, Bolivia y Centroamérica", dice Mariella Carozzi. El objetivo del 2007 es hacer una reingeniería, porque Foresta ha sido una selva sacudida por temblores sin proyectos a largo plazo. Por lo pronto, su participación en la última feria Perú Moda les ha dicho que el camino será largo (y de paso firme).

MIS CLAVES

  •       Entrega Total. Mi hija Paula trabaja conmigo y se encarga de la línea juvenil, ella busca insumos y modelos en el extranjero y también los prueba antes que el resto.

  •        Mando femenino. Es importante que la mayoría de ingenieros y personal sea femenino, porque ellas prestan mayor atención a los detalles del calzado: botones, hebillas, tacos, etc.

  •       Sabiduría popular. Para diseñar las nuevas colecciones la experiencia te hace saber que el color negro vende más, que hay supersticiones con usar zapatos morados, la talla 37 vuela y el taco 7 es el más requerido.

Fuente: EL COMERCIO – Suplemento “Mi Negocio”
Fecha: 08 de julio 2007

 

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