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La
pasión por la chamba de editar un libro no
se compara con los problemas que luego pueda
traer.
Por
Julio Escalante Rojas
Álvaro
Lasso nació en un país que ya no existe. Y
no es un cuento que le contaron de niño. La
casualidad quiso que su madre diera a luz en
la Unión Soviética. Pero la casualidad no
hizo que este peruano escriba poesía, que
forme una editorial y que todavía no
termine la universidad. Todo es parte de una
historia que él continúa escribiendo.
¿Cuándo
ingresaste a la universidad, publicar no era
tu meta?
Nunca
fue una meta. Estudié Literatura porque me
gusta leer, pero en la carrera no hay cursos
de administración ni te enseñan cómo
hacer una editorial. He aprendido
preguntando y tropezando. En el 2003 la
Universidad Católica vivía un espacio muy
creativo, había poetas y narradores que
sacaban revistas. Yo quería hacer algo
distinto. Entonces saqué un periódico de
poesía que se llamaba
"Odumodneurtse" (Estruendomudo al
revés, palabra de un poema de Vallejo). Era
algo que no había aquí pero sí en México
y Argentina. Yo tenía 21 años, no sabía
en qué me estaba metiendo.
¿Y
qué hiciste?
Invité
a participar a gente de diversos grupos
literarios y la idea gustó. A partir de esa
pequeña credibilidad decido arrancar con la
editorial en julio del 2004. La idea era
publicar a autores jóvenes, gente cercana,
amigos de la Católica como Luis Hernán
Castañeda, que hoy es una de las promesas
literarias más importantes. Su libro
"Casa de Islandia" fue el primero
que lanzamos y ya hace mucho que está
agotado.
¿Cuál
fue el tiraje?
Sacamos
500 y luego 500 más. Invertimos unos mil dólares.
Hicimos una chancha común para conseguir el
dinero. Al principio regalé libros a todo
el mundo, profesores y periodistas, para que
nos conozcan.
Sé
que comenzaste la editorial en tu casa.
Empezamos
de cero, sin un sol. Con el apoyo de mi
abuela, mi mamá, las novias de los
escritores. Comenzamos sin nada y ahora
tenemos algo: deudas.
Y
al editar estos primeros libros sabías cómo
funcionaba el negocio.
Hemos
aprendido a la mala. Hubo librerías a las
que fue difícil entrar. Las imprentas sí
son muy receptivas, porque generalmente las
que imprimen libros ganan prestigio. Yo
aprendí mucho en las imprentas del Centro
de Lima, de Camaná y Caylloma. Claro que al
principio me han estafado, me han puesto
precios más altos.
Por
imprimir poco, en cuanto a costos, corres
con una desventaja frente a las grandes
editoriales Exacto. El inicio fue muy duro
por eso. Pero ya en narrativa vamos con 16
libros publicados y en poesía 15, que
siempre es a pérdida, pero lo hacemos con
cariño. Solo 200, 300 ejemplares. En
narrativa sí estamos haciendo el esfuerzo
para que se convierta en un negocio. Una de
las claves de la sobrevivencia de una
editorial es el márketing y por eso
reforzamos mucho la imagen de Estruendomudo.
Participamos en ferias internacionales y eso
me ha dado la oportunidad de formarme,
porque en las ferias no voy a ganar dinero,
voy a aprender.
Aquí
nadie te enseña.
No
te enseñan. En la universidad los
profesores prefieren --y no está mal-- que
los alumnos sean investigadores. Pero yo soy
una oveja negra en la facultad. Estoy
abriendo el camino solo. El editor joven
tiene que formarse en la calle, en los
encuentros internacionales, pero también
conocer cómo se mueve la economía en el país,
cómo funciona el consumo. Lo que le falta a
las editoriales jóvenes es estrategia para
llegar a más lectores. Nos leen
universitarios sobre todo, pero en general
la pequeñísima clase media que existe, la
que no solo puede comprar libros, sino un
libro de un autor desconocido de una
editorial independiente peruana.
Querer
publicar en un país donde se lee muy poco
es un acto de mucha ingenuidad Muchísima.
Pero el gran paso que hemos dado es que la
gente no solo busque al autor sino a la
editorial. En las librerías nos comentan
que muchos preguntan qué de nuevo ha sacado
Estruendomudo. Eso nos da seguridad para dar
pasos más agresivos. Ahora lanzamos libros
de 2.000 mil ejemplares y también
publicamos traducciones. La idea es
demostrar que Lima puede ser una capital
editorial como Buenos Aires, Bogotá o México
D.F. A lo que yo apunto es a demostrar que
las librerías no son el único canal para
vender. Por eso las ferias son importantes,
porque vendemos directamente. El otro gran
mercado, gigantesco, son los colegios.
¿Cómo
entrar a los colegios?
El
Plan Lector Nacional por el cual un niño
debe leer un libro al mes, obliga a las
editoriales a plantearse el reto. Con el
crecimiento de los conos, las editoriales
saben que tienen un mercado muy grande que
está desatendido. Igual ocurre en
provincias donde los libros no llegan o
llegan de manera muy escasa. Los niños
necesitan libros. A fin de año lanzaremos
Crayón, una nueva editorial de libros
infantiles ilustrados.
¿Cómo
eliges a quién publicar?
Se
ha combinado la casualidad con una
estrategia editorial. Nos llega una
propuesta de libro semanalmente, pero somos
muy cautos: aprendimos a decir que no. Pero
seguimos buscando nuevos talentos lo cual es
muy difícil, pues al ser muy exigente
puedes matar un montón de libros.
¿Cuánto
te cuesta publicar un libro ahora?
En
promedio 2.000 dólares. Pero solo por la
impresión, hay otros gastos aparte:
correctores de estilo, diseñadores,
diagramador. Nos hace falta un contador y
ese tema aún nos causa problemas.
¿Quién
se encarga de ese tema?
Entre
todos. Somos 7 en la editorial pero todavía
sufrimos mucho. Una cosa es imprimir libros
y otra ser una editorial. Ya van cuatro años
sin recibir un sueldo, y no es un juego
porque implica un gasto fuerte. Entonces
ahora el objetivo es trabajar proyectos más
ambiciosos que nos permitan subsistir.
Estruendomudo es una fuente de trabajo, pero
la meta de este año es ganar nuestros
sueldos.
Han
crecido muy rápido.
Sí.
Se nos ha ido de las manos en muchos
sentidos y momentos
¿Y
te has asustado?
Uff
- hemos estado aterrados por deudas
inmanejables, pero mucha gente ha podido
ayudarnos. Yo he metido la cabeza en la boca
del león muchas veces, más de cinco, y
hasta ahorita sigo vivo.
¿A
qué le llama meter la cabeza en la boca del
león?
Nos
hemos metido en deudas por ediciones que
finalmente no han cubierto los costos y
hemos tenido que cubrir esas deudas con más
proyectos. Ese ha sido un sacrificio muy
fuerte, pero la pasión por la chamba de
editar un libro no se compara con los
problemas que luego pueda traer. Pero los
superamos y esa es una habilidad que el
peruano domina más que cualquiera. El
mexicano tiene apoyo del gobierno, el
argentino tiene un mercado de lectores
enorme. Nosotros no tenemos ni apoyo ni
mercado grande y así hemos aprendido a
sobrevivir.
Nombre:
Álvaro Lasso.
Edad:
24
años.
Cargo:
Director editorial.
Organización:
Estruendomudo encabeza a las editoriales jóvenes
peruanas. Ha participado en ferias de libros
de Santiago y Guadalajara y este año estará
en Barcelona y Fráncfort.
Fuente:
EL COMERCIO – Suplemento “Mi Negocio”
Fecha:
08 de julio 2007
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