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Modernizó
la empresa de su padre y ahora sus marcas
Chema y Chems se distribuyen en todo el país.
Fernando
Maggi no dejaba que sus hijas trabajaran con
él, porque prefería que ellas encontrasen
su vena empresarial por sí solas. Supo que
lo había logrado cuando se enfermó y,
luego de pedirles que se encargasen de
Iticsa (la distribuidora) y Chem Masters del
Perú (la productora), las tres tomaron las
riendas sin dudarlo.
"Nosotras
ya habíamos dirigido nuestras respectivas
empresas y podíamos irnos al negocio de
fierros, al de barcos, porque la gestión es
la misma", dice María Fernanda Maggi,
gerenta general. En 1995, la empresa (con 27
años en el mercado) tenía productos bien
identificados, como la fragua y los
aditivos, pero "necesitaba una
reingeniería y actualización tecnológica".
Durante
ese año, cuenta Maggi, muchas empresas
extranjeras estaban por entrar al mercado
peruano y, para ser competitivos, tenían
que reaccionar rápido. Entonces, comenzaron
a diversificar las líneas de producción y,
para el 2000, ya tenían líneas de
limpieza, selladores, lacas y hasta de
pinturas. La otra decisión importante fue
obtener el ISO 9001 para estandarizar y
controlar los procesos de producción.
¿Pero
cómo averiguaban las necesidades del
consumidor? El primer paso fue hacer focus
groups y estudios de mercado. El siguiente,
organizar talleres para que los maestros de
obra aprendieran a usar los productos y
transmitiesen sus opiniones.
Gracias
a esta retroalimentación con los clientes,
la empresa desarrolló nuevas tecnologías
para solucionar diversos problemas en el
rubro de la construcción. Se lanzó un
pegamento para losetas, cuando "todo el
mundo pegaba con cemento", se creó un
producto que servía de pegamento y de
fragua a la vez, y luego, pensando en todos
los que alguna vez quisieron cambiar las
losetas de sus casas de una manera rápida,
crearon un producto para pegar mayólica
sobre mayólica. Por ese invento obtuvieron
el premio Capeco a la Innovación Tecnológica
(2005).
Sin
embargo, el desarrollo de tecnología no ha
sido su único factor de crecimiento. También
han invertido en la capacitación técnica
de su fuerza de venta en cuatro rubros de
comercialización: ferretería, pintura,
construcción y minería. Por otro lado, si
antes, el 80% de las ventas se concentraba
en la capital, ahora el 40% se dirige a
otras regiones del Perú. Por ello, han
logrado alianzas con varios distribuidores
de provincia.
Maggi
dice que "a veces nuestros clientes nos
piden productos que no tenemos o no existen
en el mercado y nosotros tenemos que estar
atentos para crearlos". Por eso, no es
extraño que incluso hayan desarrollado
productos para los diferentes tipos de clima
del país.
MIS
CLAVES
-
Focus
groups con maestros de obra y albañiles.
Ellos son el consumidor final y los
que mejor saben si un producto está
funcionando o no.
-
Sistematizar
requerimientos de los clientes.
Además de ir a ferias internacionales,
tenemos un grupo de promotores en los
puntos de venta que nos transmiten las
inquietudes y demandas de los clientes.
-
Talleres
de capacitación. Para los
vendedores (que asesoran a los clientes
distribuidores) y para los clientes
(maestros que además de desarrollar un
oficio aprenden a aplicar nuestros
productos).
Por
Vanessa Antúnez de la Vega
Fuente:
EL COMERCIO – Suplemento “Mi
Negocio"
Fecha:
16 de diciembre 2007
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