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Con
24 años en el mercado, su agencia de
turismo, ha crecido con creatividad y
respeto por el cliente.
¿Qué
te puedo contar?
Me
casé a los 16 años y fui a vivir con mi
esposo a Iquitos. Él era oficial de la FAP.
Mis padres eran educadores, mi hermana
abogada, y yo era la oveja negra de la
familia. Necesitaba demostrar de qué era
capaz. Era una persona demasiado vehemente y
tenía la voluntad de hacer algo por la
vida. Eso es un tema que sale de adentro de
uno mismo.
Entonces
en Iquitos, en la Universidad de la Amazonía
Peruana estudié dos años Educación como
mis padres, pero no era mi tema. Luego en
Lima estudié Pintura y Diseño de
Interiores. Buscaba dónde encajar. Ahora
entiendo a muchos chicos que salen del
colegio. Como ellos estaba yo, desorientada.
Pero probé qué podía hacer.
¿Qué
cuando llegó a interesarme el turismo?
Cuando a mi esposo lo enviaron a Madrid y yo
me fui con él. Allí descubrí el potencial
del turismo. Y en mi espíritu innovador
nació la necesidad de crear mi empresa.
Volví a Lima y estudié. Luego mis
profesores y algunos compañeros se
convirtieron en mis empleados.
Una
de mis profesoras me había dicho --cuando
aun estudiaba-- que me dirigiera al cliente
corporativo. Yo era una NN para llegar a
clientes grandes. Pasaron meses acechando a
diversos empresarios como Octavio Mavila, a
quien convencí de trabajar conmigo, luego
de esperarlo por horas en el
estacionamiento. Yo pensaba que si lograba
tener dos o tres buenos clientes, no debía
darme por satisfecha, tenía que seguir.
Hice
mi empresa con mi madre como socia. Me dije
que no iba a confiar en ningún otro socio,
que yo sola me iba a matar en esto. Recuerdo
que empecé en una pequeña oficina. Que
hasta hoy conservo cerrada y como una
muestra de dónde vine. Le puse a la empresa
Domiruth (junté mi nombre, el de mi esposo
Miguel y el de mi madre Ruth). Si comienzas
mal, terminas mal y yo comencé bien. En el
2009 cumpliré 25 años con este negocio.
Se
me han presentado oportunidades de ganar
licitaciones, me las ofrecían, y me negaba.
Prefiero concursar, decía. ¿A quién le va
a gustar trabajar con un corrupto? Ganar
dinero fácil, jamás. Siempre quise que mis
clientes se sintieran bien de trabajar
conmigo.
La
esencia que mueve el mundo es la voluntad de
hacer algo. Nada se pierde intentando, uno
gana experiencia. Yo, por supuesto, que he
fracasado, pero en pequeñas cosas que me
han servido de lección. Si tú mismo no te
motivas estás de más. Si esperas que
alguien te motive, estás de más.
Una
buena empresa depende de su capacitación y
siempre ver qué cosa más dar. Yo capacito
a mi gente. Mucha gente que trabajó conmigo
luego abrió sus agencias. En mi último
viaje a España encontré a una chica que ya
tenía una agencia allá. ¡Bien gorda --le
dije-- ahora vende Perú!
Para
hacer empresa tienes que escoger: todo a su
tiempo. Cuando yo me inicié mis hijos tenían
más de 10 años. Ya los había criado y podía
dedicarme por completo a la agencia.
Muchos
creen que una agencia solo vende boletos y
que es fácil hacerlo, y por eso hay mucha
informalidad . Nosotros somos asesores de
viajes, no solo vendedores, eso le exijo a
mi gente. Ahora tengo la franquicia de
American Express, pero pienso que algún día
Domiruth será trasnacional. Me veo con
oficinas en España, Colombia, Estados
Unidos.
Y
ahora dime, ¿tú qué quieres hacer con tu
vida? ¿Cuál es tu objetivo?.
MIS CLAVES
-
Antes
que una agencia de viajes somos
asesores. Por vender un paquete
turístico no voy a engañar a un
cliente.
-
Crecer
ordenadamente. Un cliente bien
servido es la mejor propaganda. El pilar
de toda empresa son los valores. Y
nosotros en el mercado tenemos
prestigio.
-
Somos
una empresa que siempre está creando
productos nuevos. Desde un tour
con caravanas de camionetas 4x4 hasta un
crucero gay por la selva. El turista ya
está harto de lo mismo. No todo termina
en el Cusco.
Fuente:
EL COMERCIO – Suplemento “Mi
Negocio"
Fecha:
02 de marzo 2008
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