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Pasó
la Navidad pero comenzó el colegio. No, no
hablaremos de los padres de familia,sino de
los comerciantes que, en estos meses, hacen
gala de creatividad para durar el resto del
año.
A
pesar de las tardías evaluaciones de
profesores y del verano que no se va (o recién
llega), las clases se inician mañana en la
mayoría de colegios del Perú. Y para
empezar, nada más indispensable que
proveerse de las herramientas de batalla
para los próximos 9 meses: camisas y
blusas, pantalones y faldas, zapatos y
zapatillas, cuadernos y una larga lista de
útiles escolares. Los productos estrella de
la temporada tienen agudos negociantes detrás,
habituados a un frenético movimiento por el
que se merecen un 20 en conducta.
MAMÁ
EMPRESARIA
Algunos,
claro está, no lo tuvieron tan claro desde
el inicio. Elva García, gerenta general de
Kaparoma, empezó dejando a sus 2 hijos sin
buzo de colegio. "La señora que los
vendía en el San Agustín no se abastecía
y yo decidí llevar el buzo del año
anterior al Centro de Lima, para que me
hagan dos más grandes y mejores",
recuerda. Cuando volvió al colegio para
probarles las prendas a sus hijos, otras mamás
le preguntaron: "¿Elvita, tú vendes
buzos?". La demanda estaba allí, así
que los vendió sin culpa, olfateando el
negocio. Después, sus cuatro hijos (Karla,
Patricia, Roberto y Mario) le darían nombre
a su exitosa empresa.
Desde
los lejanos años 80, muchas cosas han
cambiado. Las camisas y blusas no necesitan
más insignias de plástico con imperdible.
"Cuando le pedí al cura director del
San Agustín que me dejara ofrecer las
camisas con bordado, me dijo "por su
culpa tengo una caja de insignias aquí'",
recuerda. Doña Elva siente que su posición
de madre la hacía estar atenta a detalles
que otros fabricantes no veían. O que,
simplemente, preferían obviar para ahorrar
unos soles. "El público A-B es
exigente y especial. Cuando me venían a
buscar a mi casa me di cuenta de que
necesitaba una oficina aparte porque los niños
destrozaban mi sala", dice.
Actualmente,
Kaparoma solo terceriza la fabricación de
chompas. Para darse una idea, su producción
de polos es de 10 mil unidades para la campaña,
los cuales vende en 14 colegios de Lima
(entre los que destacan el Carmelitas y el
San Agustín) y 8 de provincias. No es la única
en esos centros educativos porque el
Ministerio de Educación prohíbe los
monopolios, pero ella siente que su calidad
la distingue.
CHICOS
A SUS PIES
Fabricar
zapatos en Lima no es fácil y menos una línea
especial para escolares. "Los
importados de China, hechos con cuero
regenerado o de marroquín, son más baratos
pero de dudosa calidad", señala Manuel
Sánchez, gerente comercial de Boby, marca
de reconocida trayectoria en el mercado.
Pese
a los importados, nueve modelos unisex (para
niños y niñas) les permiten repartir en
cada campaña escolar alrededor de 35 mil
pares de zapatos en todo el país. El 60% se
vende en Lima y sus principales puntos de
distribución son la cadena de supermercados
Metro, la zapatería Platanitos (20 locales)
y 10 locales Ecco, además de una cifra más
pequeña en zapaterías particulares.
"La comodidad de la plantilla, la
durabilidad del cuero y de las suelas
antideslizantes son importantes porque se
trata de zapatos que se usan cinco días a
la semana durante más de 7 horas
seguidas", agrega. Las tallas que más
se venden son las de los chiquillos (entre
34 y 38) quienes juegan más en los recreos.
ESCUELA
CALLEJERA
Primero
averiguó dónde quedaban las fábricas de
cuadernos. Y empezó vendiéndole a los
ambulantes en los años 90, cuando todavía
no llegaba el alcalde Andrade a desalojar el
jirón Paruro. "Aquí aprendí todo: me
metieron 'cabeza' pero también conocí todo
el circuito de ventas", dice Julio Ñaupari.
A sus 34 años, es gerente de Distribuidora
Betania, ubicada en la cuadra 9 del mismo
jirón, y uno de los principales en la zona
cercana al Mercado Central. "Para
nosotros la campaña empieza en noviembre
porque los clientes que más nos compran
vienen de provincias", agrega.
Junto
con su esposa Blanca Navarro, han calculado
que, aproximadamente, hacen 150 ventas al día.
"Pero todavía no podemos decir que la
campaña fue exitosa por varios
motivos", sostiene Ñaupari. Para este
comerciante, la dilatada evaluación de
maestros y los paros en carreteras (que
impiden la llegada de varios clientes) harán
que su campaña se extienda hasta Semana
Santa.
No
obstante, la pareja de esposos y empresarios
ha elevado el número de trabajadores a 15
--usualmente son seis estables-- y trabajan
hasta los días domingo. Es obvio hacer
semejantes sacrificios: en el 2007
consiguieron que, de la facturación anual,
el 60% se gane entre enero y marzo.
"Los cuadernos son los que más salen
(70% de las ventas) pero también los que
dejan menor margen por la gran cantidad de
marcas y calidad", acota Ñaupari. Para
fortalecer este punto, la venta de otros
productos (como los de la editorial Norma)
son vitales para mantenerlo.
ENERGÍA
Y SALUD
Quizá
no sea masivo pero ofrecer el servicio ha
significado para APC Corporación un negocio
con futuro. Todo empezó hace 5 años,
cuando repararon en que los colegios más
exclusivos de Lima tenían un horario
corrido de clases hasta las 4 p.m.
"Hasta esa hora, los chicos se sostenían
solo con galletas o un sánguche",
apunta Álvaro Acuña, jefe de gestión
comercial de APC. Con la experiencia de ser
concesionarios de comida y aprovechando la
infraestructura del colegio Newton (con
cocina y comedor), ofrecieron el primer
servicio de almuerzo. Un selecto grupo de
nutricionistas creó la cartilla variada de
carnes, menestras, verduras, frutas y jugos
naturales. Los viernes es el único día
para 'malcriarlos': pizza o pollo a la
brasa. "También ofrecemos la opción
de hacer menúes para niños alérgicos",
agrega.
Cada
año han añadido nuevos colegios (como el
Cambridge, Raimondi, San Silvestre y San
Ignacio de Recalde) a esta experiencia de
nutrición. Los pagos los hacen directamente
los padres de familia a APC. "Cada menú
cuesta entre S/. 7.50 y S/.8. Es un costo
bajo para lo que a veces pagan los chicos
por una hamburguesa cuando llegan a casa,
que no es tan nutritiva", afirma Acuña.
Si
bien los negocios de campaña suponen un
desgaste físico y mental muy fuerte en
corto tiempo, lo cierto es que estos
empresarios han sabido aprovechar un factor
muy importante: un público renovado todos
los años, que cada vez crece más en número
y necesidades.
Eso
es claro hasta para el gerente de márketing
de la transnacional 3M, Javier Díaz, quien
asegura que la venta de sus productos más
populares en las listas de colegio --paños
y cintas de embalaje, masking tape y
scotch-- supone el 50% del total anual en su
rubro. "En estas líneas, el
crecimiento del 2007 fue de 30% y estimamos
una cifra similar para este año",
concluye.
LA
CLAVES
-
Kaparoma,
durante el tiempo que no está en campaña,
se dedica a hacer uniformes y mandiles
para maestros y alumnos, que exporta a
Miami.
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APC
Corporación atenderá en el
2008 a 2.350 alumnos diariamente, 20 días
al mes.
-
Betania,
cuando no se encuentra en campaña
escolar, dedica sus mayores esfuerzos a
vender papelería para fotocopiadoras.
-
IPSOS
Apoyo Opinión y Mercado, en su
último Perfil del Niño 2007, señala
que en Lima Metropolitana viven
aproximadamente 870 mil niños entre 7 y
12 años. Ello representa el 11% del
total de habitantes.
-
Dicho
estudio revela que la lonchera
más común tiene jugo o refresco, pan y
fruta. Los ingresos de los pequeños son
las propinas que, en promedio, son de
S/.16 al mes. Se las gastan,
principalmente, en golosinas.
Por
Mayra Castillo
Fuente:
EL COMERCIO – Suplemento “Mi
Negocio"
Fecha: 02 de marzo 2008
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