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Aislamiento
de clamidia trachomatis en pacientes
femeninos sexualmente activas. Ese fue el
tema de su tesis de Microbiología, una
profesión para ratones de biblioteca que él
eligió a pesar de que siempre había sido
flojo para estudiar. A Martín Rodríguez le
tomó seis años llevar esta carrera en
Argentina y luego hizo una maestría en
Lima. Se cansó de buscar trabajo y enviar
currículos. De nada servía. Hasta que por
necesidad comenzó a hacer negocios. Y su
vida cambió.
¿Le
gustaba la Microbiología?
No.
Estudié esa carrera no porque fuera mi
vocación. Quería tener plata, ese era mi
objetivo. Quería estudiar Medicina y dos años
seguidos de postular a la universidad
Cayetano Heredia no pude ingresar. No quise
esperar y me fui a Argentina. Como tampoco
alcancé Medicina, allí ingresé a
Microbiología con la esperanza de luego
cambiarme. Pero me quedé. De vuelta a Lima
dije voy a hacer una maestría en la
Cayetano y así me engancharé a alguna
empresa.
¿Y
qué encontró ?
Pasé
dos años buscando chamba y a la vez
llevando la maestría. Mi hermano trabajaba
en una empresa donde había vendedores. Me
convertí en el chofer de uno de ellos. Ya
me había dado por vencido con mi carrera y
como mi hermano había estudiado computación
y le iba muy bien, yo traté de imitarlo, de
estudiar algo rápido, y luego ya trabajaré,
dije. Hasta que un día después de dos años
de haber dejado currículos me llamaron para
hacer prácticas en un laboratorio.
¿Prácticas?
Y
las acepté porque me sentía mal por haber
estudiado y no tener nada. Quería aprender
y trabajaba más de 12 horas
¿Y
qué decía su familia?
Ellos
siempre me han apoyado hasta el día de hoy.
Yo no discrimino el trabajo. Siendo chofer
me sentía bien, porque era útil, pues había
llegado un momento en el que sentía que no
servía para nada, porque ni siquiera me
llamaban.
¿Sus
compañeros de la universidad sí
consiguieron trabajo?
Ellos
consiguieron chamba rapidísimo. A mí me
costó conseguir chamba en una empresa que
hacía comida para servir en aviones. Allí
fui supervisor de control de calidad y me
pagaban muy poco. Me tomaba hora y media de
ida y de vuelta llegar hasta allá. Y en el
camino solo me decía: "Qué más hago,
qué hago, qué hago". Se me ocurrió
vender triples, hablé con un empleado de la
empresa y lo convencí de que viniera a mi
casa a preparar triples. Como mi horario era
del mediodía a la medianoche, tenía la mañana
libre para venderlos. Para mí era un
ingreso adicional, un cachuelo. La inversión
además era pequeña.
¿Cómo
encontró clientes?
Visitaba
bodegas de San Luis y preguntaba si podía
dejar triples a consignación. Comenzamos
haciendo 50 triples, si perdía un cliente
al día siguiente iba a conseguir dos.
Trabajaba duro porque sabía que con mi
trabajo de supervisor no iba a ser feliz,
pues ganaba muy poco y trabajaba más de 12
horas. No quería eso para mí. Al sexto mes
encontré un buen cliente y eso cambió
todo. Empecé a vender 100 sánguches todos
los días al Hospital de Enfermedades Neoplásicas.
¿Seguía
trabajando como supervisor?
Solo
4 meses. Ganaba igual 4 horas dedicándome a
los sánguches que 12 horas en lo otro.
Entonces me dediqué de lleno a los triples.
¿Qué
fue lo más difícil al inicio, hace cinco años?
Tener
un negocio es una lucha constante, uno no
sabe cómo le va a ir. A mí muchas veces me
pasó: hubo días en que nadie compraba. Yo
qué hacía: los vendía en las calles. Iba
a la salida de la clínica San Pablo, también
remataba triples a los taxistas afuera del
Jockey Plaza.
¿Cómo
llega a tener también cafeterías?
Compré
una panadería y poco a poco fui dejando de
hacer tantos triples y me puse a hacer pan
de molde. Ahora soy proveedor de panes para
triples y sánguches. Todos los días
distribuyo a más de setenta clientes:
hoteles, casinos, restaurantes. Un día pensé
: ¿Qué me falta a mí para tener una
cafetería? Le compré una a un amigo, en el
instituto Cicex. Sabía que si no tienes una
no puedes postular a tener más cafeterías
como concesionario en empresas. Ahora tengo
cafeterías en cinco tiendas Ripley. Su
nombre es Mucho Gusto.
Además
ha abierto una juguería y tiene un complejo
de canchas sintéticas de fútbol ¿Por qué
invertir en negocios tan diversos? ¿No
hubiera sido mejor enfocarse en un rubro?
Lo
que en verdad busco es divertirme. Más que
trabajar voy a lo que me gusta hacer. Ahora
tengo canchas sintéticas porque es un
negocio muy fácil, como tener una playa de
estacionamiento. No necesitas proveedores,
nada. Me diversifiqué porque el negocio de
la panadería y las cafeterías es muy
sacrificado. Los precios suben, y cada vez
tienes que vender más para ganar lo mismo.
Si pudiera comprar un edificio y alquilar
todo, lo haría.
Pero
para divertirse antes debe trabajar. ¿Qué
le ha dado el hacer empresa?
Muchas
satisfacciones. Viajar bastante. Pasar de
vivir en San Luis a un precioso departamento
en San Isidro. Lo más importante es que he
podido hacer que mi familia viva mucho
mejor. Me da mucho gusto que mi papá luego
de jubilarse como profesor pueda seguir
trabajando conmigo. Él supervisa las
cafeterías, compra la fruta para la juguería.
Su labor es muy importante. Yo me acuerdo
todo lo que he pasado, y lo recuerdo
gratamente. Disfrutaba salir a la calle y
vender sánguches porque llegaba con 50 y un
rato después se acababan. Era muy feliz
porque regresaba a casa sabiendo que lo había
vendido todo.
¿Y
no hubiera sido una mejor decisión estudiar
algo ligado a negocios antes que Microbiología?
Lo
he pensado muchísimas veces. Yo con
estudios de negocios pude haber crecido
mucho más, seguro que sí. Pero el secreto
está en hacer cosas; cada persona tiene lo
que quiere tener, ni más ni menos. Si
quieres cinco pares de zapatos los vas a
tener, si prefieres solo uno y roto también
lo vas a tener. Más allá del
conocimiento:, que es importante, uno tiene
que hacer cosas. El gran secreto está en
hacerlo y la gran palabra de la vida es la
persistencia. Si pierdes no importa, en algún
momento vas a ganar. Yo me he sentido
perdido no una sino un millón de veces, con
muchos temores.
¿A
qué le tenía miedo?
Tenía
miedo a fracasar.
Debe
ser muy complicado iniciar algo nuevo y
pensar que tampoco va resultar.
Pensaba
que volvería de Argentina y que el trabajo
me iba a llover, y yo iba a decir cuánto
iba a ganar. Nada de eso pasó. Mis compañeros
avanzaban y yo seguía dependiendo de mis
viejos. Estaba deprimido. Esta vida es una
pesadilla, me decía.
¿Y
ahora cómo es un día en su vida?
Puedo
hacer lo que quiero.
LA FICHA
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Nombre:
Martín Rodríguez Gamero
-
Edad:
34 años
-
Cargo:
gerente
-
Organización:
Panificadora Tri Tri, cafeterías Mucho
Gusto, juguería Duimba Doo y canchas de
fútbol Picapiedra Soccer son los
negocios que tiene Martín Rodríguez.
Por
Julio Escalante Rojas
Fuente:
EL COMERCIO – Suplemento “Mi
Negocio"
Fecha: 02 de marzo 2008
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